- La residencia IMQ Igurco Alhóndiga, ubicada en la calle General Concha, cuenta con 79 plazas, de las cuales 16 son concertadas.
- «Estar en el centro facilita que las personas mantengan su vínculo con la ciudad, con sus rutinas y con su entorno familiar, social y cultural».
IMQ Igurco Alhóndiga, residencia de personas mayores ubicada en pleno centro de Bilbao, en el Ensanche, ha cerrado su primer año de actividad con un balance muy positivo, consolidándose como «un espacio donde el cuidado se combina con la vida cotidiana, la autonomía y la conexión con el entorno», según reconoce la directora del centro, Janire Santamaría.
Desde su apertura en la calle General Concha, el centro ha atendido a cerca de 160 personas, tanto en estancias temporales como permanentes. «Nuestro objetivo desde el inicio ha sido que las personas que viven aquí sientan que están en su casa», explica. En este sentido, subraya que «no hablamos solo de cuidados, sino de acompañamiento, de respeto a sus tiempos y de mantener su forma de vida en la medida de lo posible».
La residencia cuenta con 79 plazas, de las cuales, actualmente, 16 son concertadas. «De este modo, hemos podido brindar nuevas plazas públicas para personas mayores en una zona con alta demanda, por su estructura demográfica», añade.
Un modelo personalizado y abierto a las familias
Dichas plazas están distribuidas en unidades convivenciales, en línea con las nuevas directrices de la Diputación para los cuidados de larga duración. «Con esta distribución, las personas pueden estar acompañadas de sus familiares y allegados, como en su propia casa. Incluso pueden personalizar sus habitaciones, que es algo que se puede hacer desde hace muchos años en las residencias de IMQ Igurco y que, desde la pandemia, se ha incentivado expresamente».
Y es que el modelo asistencial de IMQ Igurco Alhóndiga es personalizado y abierto a las familias. La atención se basa en planes de atención y vida individualizados, diseñados por un equipo multidisciplinar en colaboración con las familias. «No hay dos personas iguales, y por tanto, no puede haber dos vivencias iguales», destaca Santamaría, quien añade que en la residencia «se adaptan los servicios a las preferencias, necesidades y objetivos de las personas usuarias y no al revés».
Por ejemplo, la directora explica que algunas personas prefieren mantener sus rutinas de siempre, como levantarse temprano y salir a pasear por el entorno; otras continúan con aficiones como la cocina, participando en actividades del día a día; y también hay quienes tienen objetivos más vinculados a la salud, como mejorar el equilibrio con programas específicos de ejercicio.
En el día a día de la residencia, se programan actividades internas de estimulación y dinamización sociocultural —que cuentan con una gran aceptación y participación, tanto de personas residentes como de familiares y allegados—. «La gimnasia en grupo, que se imparte desde el área de fisioterapia, o las actividades significativas que se llevan a cabo desde el área de psicología, son dos de las que más gustan a residentes y familiares», apunta.
Conectados con las familias
La relación con las familias es, efectivamente, otro de los pilares del centro. «Somos un centro abierto, sin horarios de visita estrictos, porque entendemos que la familia forma parte de la vida de la persona», afirma la directora. Esta labor «genera confianza, previene la aparición de problemas y, sobre todo, facilita un mejor cuidado».
Por otro lado, pero en relación con lo anterior, de cara a facilitar el seguimiento de los familiares más próximos, también emplea herramientas digitales como la app ‘Residencias Transparentes’, que permite a las personas autorizadas seguir el día a día de la persona residente en tiempo real. «Es una forma de aportar tranquilidad, facilitar el seguimiento y de reforzar la cercanía, incluso cuando no pueden estar físicamente», puntualiza la Directora.
Ubicación estratégica y vida activa
La ubicación en el centro de Bilbao es uno de los elementos diferenciales del proyecto. «Estar en el centro facilita que las personas mantengan su vínculo con la ciudad, con sus rutinas y con su entorno familiar, social y cultural», explica Santamaría. «Eso influye directamente en su bienestar».
Este entorno permite también una vida activa dentro y fuera del centro. «La idea es que las personas sigan haciendo cosas que les gustan, que mantengan su proyecto vital», señala la responsable, destacando tanto las actividades internas como las salidas culturales y colaboraciones con entidades locales: «por ejemplo, en este primer año hemos estado en espacios como Azkuna Zentroa, el Museo Guggenheim o el Museo de Bellas Artes, entre otros, y hemos colaborado con entidades cercanas como la Fundación EDE, el Colegio Kontxa o Cruz Roja», desgrana.
Alto grado de satisfacción y crecimiento
Tras su primer año, el centro registra un alto nivel de satisfacción. «Las encuestas reflejan una valoración cercana al nueve sobre diez, especialmente en la atención del equipo (medicina, enfermería, área psicosocial, limpieza y otros) y en las actividades», indica Santamaría. Asimismo, subraya que «muchas personas que han estado con nosotros de forma temporal por descanso del cuidador han decidido volver, lo que demuestra la confianza en el centro».
«Al final», concluye la directora de la residencia IMQ Igurco, «lo importante es que la persona se sienta bien, acompañada y respetada. Y ése es el compromiso que tenemos».