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La URF de IMQ Igurco Unbe cumple 10 años con 2.000 personas atendidas

Sala de prensa - Residencias para mayores y centros de día
  • Con una edad media de 81 años, más del 80% de ellas ha regresado a su domicilio tras el alta, después de recuperar su autonomía funcional.

  • En la Unidad de Recuperación Funcional de IMQ Igurco Unbe se atienden tres perfiles principales: pacientes con fracturas óseas (caderas y otras), personas que han pasado por una convalecencia debilitante y pacientes que precisan neurorrehabilitación (ictus).

Desde que hace poco más de diez años abriera sus puertas la Unidad de Recuperación Funcional de la residencia IMQ Igurco Unbe, un total de 1.997 personas han sido atendidas, con una edad media de 81 años. De ellas, más del 80% ha regresado a su domicilio tras el alta, después de recuperar su autonomía funcional. Del número total de pacientes, casi dos de cada tres (63,6%) fueron mujeres.

Tal y como explica el Dr. Iñaki Artaza, director asistencial adjunto de IMQ Igurco y responsable de la puesta en marcha de esta unidad en el año 2014, «en términos generales, las unidades de recuperación funcional son un recurso asistencial destinado a atender a personas que presentan un deterioro funcional reciente, potencialmente reversible y que, una vez sobrepasada la fase aguda de su enfermedad, todavía requieren cuidados médicos, de enfermería y sobre todo de rehabilitadores».

Este tipo de dispositivo atiende a tres grandes tipos de pacientes: los que han sufrido alguna fractura ósea (ortogeriatría), los que acaban de superar un ingreso hospitalario prolongado (decondicionamiento funcional) y los que han tenido un ictus o accidente cerebro-vascular (neurorrehabilitación).

«De media, las personas mayores que han pasado por la Unidad de Recuperación Funcional de IMQ Igurco Unbe han mejorado entre 18 y 20 puntos en el índice de Barthel (que mide autonomía para realizar las actividades básicas de la vida diaria) y entre 1,3 y 1,5 puntos en la escala FAC (Clasificación Funcional de la Deambulación), que evalúa la capacidad para caminar», apunta el experto.

En el caso de la Unidad de Recuperación Funcional de IMQ Igurco Unbe, el tiempo medio de estancia se situó en esta década de trabajo en los 46 días, con diferencias según el perfil: «alrededor de 47 días en ortogeriatría (el perfil más demandado, con un 52,3% del total de los ingresos), en torno a 45 días en decondicionamiento funcional y casi 45 días en neurorrehabilitación».

«En los pacientes que estuvieron en la unidad cerca de los 40 días, el porcentaje de vuelta a casa fue del 87%, y en quienes llegaron con un nivel de fragilidad leve o estaban libres de fragilidad, se alcanzaron cifras de hasta el 97,6% de retornos al hogar. Incluso en los casos de fragilidad avanzada, cuando la situación es más compleja y la estancia se alarga, más de la mitad logró regresar a casa tras un trabajo intenso de rehabilitación», detalló el Dr. Artaza.

Recientemente, la Unidad de Recuperación Funcional de IMQ Igurco Unbe ha incorporado una máquina de rehabilitación multifunción. Este dispositivo permite trabajar los distintos grupos musculares en un único aparato: brazos, pecho, abdomen, glúteos, piernas, etcétera. Además, la máquina es apta para su uso por parte de personas autónomas y personas con movilidad reducida. También permite la variación en los pesos manera sencilla. Este dispositivo, muy poco frecuente en el ámbito sociosanitario, contribuye a la rehabilitación de los pacientes, permitiéndoles la realización de ejercicios previamente pautados y supervisados por los profesionales sociosanitarios.

Un dispositivo asistencial que funciona

En Bizkaia, IMQ Igurco cuenta con dos unidades de recuperación funcional, una en el centro sociosanitario IMQ Igurco Unbe de Erandio, con una capacidad de 30 camas, y la segunda, en el centro sociosanitario IMQ Igurco Orue, de Amorebieta, que cuenta con 17 camas.

En los tres tipos de pacientes (ortogeriatría, convalecencias y neurorrehabilitación), se intenta recuperar mediante la fisioterapia el nivel de autonomía previo a la situación que generó el ingreso: por ejemplo, recuperar la marcha tras una fractura de cadera o la función de un hombro fracturado. Pero la atención no acaba ahí. «Tras una valoración geriátrica integral por un equipo multidisciplinar, se trabaja la autonomía en las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, controlando el dolor y la situación nutricional y los requerimientos proteico-energéticos. Además, se valoran y tratan las dificultades de la deglución (disfagia) de los pacientes neurológicos, enfermedades concomitantes y las complicaciones médicas. Y se revisa y ajusta la medicación, así como se realizan cuidados de enfermería, estimulación cognitiva o psicoterapia, si es necesario», detalla el Dr. Iñaki Artaza.

Las personas mayores que ingresan en la unidad de recuperación funcional son atendidas por un médico geriatra, personal de enfermería (enfermeras y auxiliares de geriatría), fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos, trabajadoras sociales y, puntualmente, logopedas. Igualmente, las unidades de recuperación funcional requieren de una dotación completa de material diagnóstico (que incluye bioimpedancia, dinamometría, etc.) y de rehabilitación (camillas Bobath, bipedestadores, etcétera).

«Las Unidades de Recuperación Funcional de IMQ Igurco unen evidencia clínica, trato humano y una meta muy clara: que, tras una fractura, un ictus o una larga hospitalización, la historia no termine en la cama, o en una residencia, sino volviendo a casa con la mayor autonomía posible», concluye el director asistencial adjunto de IMQ Igurco.