- Ismene Arrinda, fisioterapeuta de la residencia sociosanitaria IMQ Igurco Orue, ofrecerá el próximo 27 de octubre una charla centrada en identificar los cambios propios de la edad y aquellos que pueden advertir de un mayor riesgo de fragilidad y dependencia.
- La sesión, organizada por la asociación de personas mayores de Durangaldea, Bizidun, tendrá lugar a las 18:00 horas en el salón de actos de Landako Elkartegia de Durango. Ofrecerá también pautas para preservar la autonomía, con especial atención al ejercicio físico y al mantenimiento de la fuerza muscular.
¿Caminar más despacio es una consecuencia inevitable de cumplir años? ¿Y empezar a sufrir caídas? ¿Qué ocurre cuando levantarse de una silla sin ayuda comienza a resultar complicado? Distinguir los cambios asociados al proceso normal de envejecimiento de aquellas señales que pueden indicar una pérdida de funcionalidad será el eje de la charla que ofrecerá el próximo 27 de octubre, a las 18:00 horas, en el salón de actos de Landako Elkartegia de Durango, Ismene Arrinda, fisioterapeuta de la residencia sociosanitaria IMQ Igurco Orue, con 15 años de experiencia en la atención a personas mayores. Su trayectoria y formación especializada, con un máster en Envejecimiento Saludable y Calidad de Vida, le han permitido profundizar en ámbitos como la autonomía, la funcionalidad y el envejecimiento activo.
La sesión, organizada por la asociación de personas mayores de Durangaldea, Bizidun, partirá de situaciones habituales que en ocasiones se atribuyen simplemente a la edad, como comenzar a caminar más despacio, sufrir caídas, encontrar dificultades para realizar dos tareas simultáneamente o necesitar ayuda para levantarse de una silla. El objetivo será explicar cuándo estos cambios y otros más pueden constituir una señal de alerta y qué medidas pueden adoptarse para mantener durante el mayor tiempo posible la funcionalidad y la autonomía personal, y promover el envejecimiento activo.
La charla permitirá trasladar a la población una idea fundamental: «envejecer no tiene por qué equivaler necesariamente a perder autonomía; prestar atención a determinados cambios funcionales puede ayudar a actuar de manera precoz. El mantenimiento de la actividad física, la fuerza, el equilibrio y unos hábitos adecuados forman parte de un abordaje integral, orientado a preservar la independencia y la calidad de vida durante el envejecimiento», declara la fisioterapeuta.
La fragilidad en las personas mayores: una situación potencialmente reversible
Uno de los conceptos que se abordarán será el de fragilidad, una situación de prediscapacidad, caracterizada, entre otros aspectos, por una disminución de la fuerza muscular y de la resistencia. Esta condición incrementa la vulnerabilidad de la persona mayor ante diferentes factores y puede favorecer la aparición de problemas de salud, discapacidad y pérdida de independencia.
Según distintas investigaciones, la fragilidad afecta aproximadamente al 12% de las personas mayores de 65 años, con una mayor prevalencia entre las mujeres. Su detección requiere valorar diferentes aspectos, como una posible pérdida de peso involuntaria, la fuerza de prensión, la velocidad de la marcha, la sensación de cansancio o el nivel de actividad física.
Posibilidades de intervención
Durante la charla se explicarán también las posibilidades de intervención una vez aparecen estas primeras señales. El ejercicio físico constituye una de las principales herramientas para tratar de ralentizar o incluso revertir el deterioro funcional, especialmente mediante programas que combinen diferentes componentes como ejercicio cardiovascular, fuerza muscular, flexibilidad y equilibrio.
La sesión pondrá especial énfasis en el trabajo de fuerza muscular, fundamental para conservar la capacidad de realizar de manera independiente numerosas actividades de la vida diaria. Junto a ello, el equilibrio adquiere particular importancia entre las personas que ya han sufrido alguna caída o presentan un elevado riesgo de padecerla. La resistencia es otro aspecto clave para el estado psicoemocional de la persona ya que permite mayor socialización y la capacidad de realizar tareas diarias con mínimo esfuerzo.
La relación entre movilidad y capacidad cognitiva será otro de los aspectos tratados. A medida que avanza la edad, la velocidad de la marcha y el deterioro cognitivo muestran una relación cada vez más estrecha. Las alteraciones de la marcha y una función cognitiva deteriorada se encuentran, además, entre los principales factores de riesgo de caída en las personas mayores.
Las caídas constituyen precisamente uno de los acontecimientos que más pueden comprometer la salud y autonomía. Aproximadamente la mitad de las personas mayores de 80 años que viven en la comunidad refieren haber sufrido alguna caída durante el último año, episodios que en determinados casos pueden provocar consecuencias graves como fracturas o traumatismos craneoencefálicos.
La recuperación funcional tras una fractura es labor de profesionales especializados, abordando de forma integral a la persona mayor con el objetivo de recobrar su capacidad funcional previa en el menor tiempo, aportando la mayor seguridad durante el proceso. Se hace uso de técnicas basadas en evidencia científica y con el equipamiento adecuado a cada circunstancia. Éstas se suelen llevar a cabo en unidades de recuperación funcional específicas para este fin.